Libros

Tío Fred en Primavera

Mi madre ha sido siempre gran fan de P.G Wodehouse y sus libros han rondado por todos los rincones de casa desde que era pequeña. Leí muchos en mi adolescencia, por lo que los ambientes del castillo de Blandings o el Club de los Zánganos me son muy familiares a pesar de que los estragos de la memoria me habían hecho olvidar las tramas y los personajes que albergaban. En cierto modo mejor, ya que eso me ha permitido disfrutar de Tío Fred en primavera como debí de hacer la primera vez, con una permanente media sonrisa en el rostro que en determinados pasajes se convertía en carcajada limpia. 

La novela se emplaza principalmente en el ya mencionado Castillo de Blandings, regentado por el bueno de Lord Emsworth, al que pocas cosas le  le importan más que el bienestar de “su célebre marrana, la Emperatriz de Blandings, por dos veces en años sucesivos medalla de plata en la clase de Cerdos Gordos”. 

Un plan para sustraer a la mencionada gorrina por parte de un duque de ánimos crispados dará pie a todo tipo de malentendidos en los que acabarán enredados todos los huéspedes del castillo. Detectives de poca monta expertos en dar sablazos, poetas pendencieros que sueñan con regentar bares de sopa de cebolla en Picadilly Circus, tías severas, sobrinos idiotas o por supuesto el siempre risueño tío Fred, que se colará en el castillo fingiendo ser un “experto en cerebros”, conspirarán para extraer o devolver a la ilustre puerca de su confortable pocilga, siendo la suma precisa de 250 libras el catalizador de sus descabelladas acciones. Nada tiene ningún sentido ni falta que hace. Una novela divertidísima plagada de conversaciones hilarantes y situaciones surrealistas que confirman al autor inglés como uno de los grandes maestros del humor.

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