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Viaje a San Petesburgo y a Moscú

Este verano me he olvidado de la playa y me he enfundado calzado cómodo para recorrer a fondo estas dos ciudades rusas. Han sido días de paseos por canales, majestuosos palacios, museos, exuberantes iglesias,  horizontes salpicados de cúpulas doradas, días de música y de literatura. San Petesburgo es romántica e imperial: fue fundada  por Pedro el Grande a principios del siglo XVIII para abrir el país al mundo, y se convirtió en baluarte del progreso y la modernización. Moscú es ruidosa, contradictoria, insomne, de belleza menos evidente que la de San Petesburgo, pero latente también en cada rincón que esconde un trozo de historia.

Mi veraniega visita ha sido fácil y soleada, pero es posible que el alma de esas ciudades se oscurezca con la llegada del frío: congelados los ríos, envueltas en una noche constante, con sus transeúntes temblando bajo abrigadísimos atuendos que jamás serán suficientes para combatir sus gélidos inviernos. Tal vez por eso uno adivina melancolía en algunas miradas, pero también la dureza del que se sobrepone tras un golpe. Frases rimbombantes aparte, estos son algunos de los aspectos que más me han sorprendido y/o gustado en mi viaje.

  • Absoluta devoción por Pushkin

    Tanto San Petesburgo como Moscú están plagados de edificios en memoria del ilustre escritor,  considerado el fundador de la literatura rusa moderna. Casas museo, estatuas, palacios…

     

    Cerca de San Petesburgo hay incluso una ciudad en su nombre, la antigua Tsarskiye Seló, en la que veraneaban los zares.

     

    Muchas óperas han musicado su obra literaria y su figura está tremendamente arraigada en la sociedad rusa.

     

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  • El comunismo como reclamo turístico

    Los símbolos comunistas siguen presidiendo plazas y edificios, a diario se congregan multitudes en la plaza roja de Moscú para ver el cuerpo embalsamado de Lenin y en varias estaciones de metro se alzan imponentes mosaicos con parafernalia comunista.

     

    Sin embargo, una cierta rechifla generalizada hacia el movimiento impregna el ambiente, con turistas que se fotografían sonrientes  frente a estatuas de temibles dirigentes (yo la primera), con los rostros de Lenin y Stalin impresos …

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  • Los culebrones de los zares

    Traiciones, infidelidades, encierros de por vida, filicidios, monjes hipnotizadores… La historia de los zares rusos está plagada de eventos dignos de la televisión de sobremesa.

     

    Iván el terrible, el primer zar de la dinastía Rurik (la anterior a los Romanov), empezó a gobernar después de que su madre fuera envenenada, se casó ocho veces y se cargó a su hijo de un bastonazo. Otro de sus hijos  fue apuñalado en misteriosas circunstancias…

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  • El Lago de los Cisnes, de Tchaikovsky

    Durante  años patrimonio de zares  y símbolo de majestuosidad y opulencia, el ballet ruso cautivó  también a los soviéticos, que si bien lo descuidaron en las primeras épocas, supieron ver su filón culto y universal y lo acabaron convirtiendo en orgullo nacional.

     

    En San Petesburgo fuimos a ver el Lago de los Cisnes, el ballet por excelencia, en el teatro Michailovsky.  Estaba lleno de turistas (entre ellos, un grupo de ancianos ingleses vestidos de punta en blanco…

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  • Cosmonáutica y galería Tretiakov

    Los soviéticos fueron los primeros en enviar satélites, animales y seres humanos al espacio y el Museo de la Cosmonáutica en Moscú resulta una muy interesante visita para conocer y celebrar sus hazañas.

     

    Emplazado en un impresionante edificio de titanio que simula el despegue de un cohete espacial, en su interior aloja una gran colección de parafernalia espacial: sputniks, trajes, réplicas de naves tripuladas… Las dos perritas que viajaron al espacio y volvieron para contarlo (o ladrarlo)…

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  • El San Petesburgo de Dostoievsky

    A pesar de que nació en Moscú, Dostoievsky vivió gran parte de su vida en San Petesburgo, donde transcurren también varias de sus novelas.

     

    En el barrio de Sennaya ocupó  varios apartamentos por periodos cortos de tiempo. En uno de ellos escribió Crimen y Castigo, cerca de donde su imaginación pondría a vivir a su protagonista Raskolnikov y a la vieja usurera a la que le quita la vida de un hachazo.

     

    En sus años mozos, Fiodor…

     

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